Una profe de mates con TEA
Ayer fue año nuevo. Hace una semana fue nochebuena. Y me quedan 5 días para volver a Eslovaquia.
Son muchas cosas las que pasan por mi mente ahora mismo. Volver o quedarme y tener el cuerpo dividido. Así es mi vida ultimamente. Estar perdida sin saber hacia donde tirar porque todas las opciones te gustan.
Os resumo un poco. En realidad no me llamo Matea, es simplemente que soy profe de mates y que me diagnosticaron TEA cuando tenía 16 años, así que matemáticas y TEA, pues se queda en Matea. Y no me disgusta el nombre.
Soy profes por pasión y tengo TEA de nacimiento, no conozco a nadie todavía que así de repente tenga TEA. Y bueno, quiero contar lo que implica ser profe teniendo este diagnóstico porque nadie está preparado. Ni los alumnos a tener una profesora neurodivergente ni equipos directivos a tener que adaptar los recursos también a profesores. Faltaría más... Si estamos aprendiendo a atender a los alumnos adolescentes, ¿cómo vamos a pensar en personas adultas? Así que bueno, soy adulta, tengo TEA y trabajo de mi pasión.
Me he animado a hacer esto porque a veces pienso que soy demasiado buena persona. Desde el anonimato y de una manera algo "ficticia", me gustaría poder hablar de lo que muchas veces se queda en el bando de las conversaciones tabú.
Yo estoy tranquila porque sé que por ser diferente no pasa nada y no tengo que gritar a los cuatro vientos que tengo un diagnóstico para justificarme a cada paso que doy. Es la sociedad quien tiene que aceptar que cada uno es de su padre y de su madre y bienvenidas sean las diferentes maneras de procesar la información.
Soy joven, 26 años, y este es mi tercer año trabajando en un instituto. Tanto el año pasado como este mi experiencia no está siendo la más ideal. Choques con "jefes" por cosas que no terminas de comprender y formas de transmitir la información que te resultan complicadas de entender. Pero no es culpa de nadie. En este caso es el choque cultural, las diferentes ideologías educativas, es choque de edades, es todo un poco.
Seis meses me quedan en Eslovaquia (vuelvo el 7 de enero) y sé que pasarán más rápido de lo que creo. Es una lástima sentir que no te quieren en un lugar, pero a nivel práctico, para este tiempo efímero que me queda, agachar la cabeza se quedará como la mejor opción para ser feliz.
Así que aquí andamos, siendo felices a pesar de todo. Buscando la paz y la tranquilidad en un entorno donde los granos de arena se ven como montañas llenas de rocas.
Comentarios
Publicar un comentario